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martes, 26 de marzo de 2013

PUNTOS SOBRESALIENTES Y DISCURSO 2 Y 3, SEMANA 25 MARZO

Escuela del Ministerio Teocrático

Lectura de la Biblia: Lucas 4, 5, 6 | Puntos sobresalientes (10 min.)
*** w08 3/15 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Lucas ***
Lecciones para nosotros:
4:4. No debemos dejar que pase un solo día sin que hayamos analizado algún tema espiritual.


6:40. Un maestro de la Palabra de Dios debe dar un buen ejemplo a sus estudiantes y poner en práctica lo que predica.

*** it-1 págs. 707-708 Discípulo ***
Jesús enseñaba a sus discípulos con el propósito de que llegasen a ser como él, predicadores y maestros de las buenas nuevas del Reino, por lo que dijo: “El alumno no es superior a su maestro, pero todo el que esté perfectamente instruido será como su maestro”. (Lu 6:40.) La historia posterior probó la eficacia de su enseñanza, pues sus discípulos continuaron en la obra que les había enseñado e hicieron discípulos por todo el Imperio romano (Asia, Europa y África) antes del final del primer siglo. Esta fue su obra principal, en armonía con el mandato de Jesucristo de Mateo 28:19, 20.

Las palabras de cierre del mandato de Jesús: “Y, ¡miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas”, expresan con claridad que los cristianos están obligados a hacer discípulos de gente de todas las naciones hasta este mismo día. No hacen discípulos para sí mismos, los enseñados son discípulos de Jesucristo, pues siguen su enseñanza, no la de hombres. Por eso a los discípulos se les llamó cristianos por providencia divina. (Hch 11:26.) De manera semejante, Isaías también tuvo discípulos, pero no suyos. Eran discípulos que conocían la ley de Jehová y con quienes se hallaba el testimonio de esa ley. (Isa 8:16.)

Ser discípulo de Jesús no significa dedicarse a una vida contemplativa. Jesús no buscó su propia satisfacción, sino que siguió un derrotero que le enfrentó a la mayor oposición que el Diablo y sus agentes pudieron presentar. (Ro 15:3.) Jesús dijo que sus discípulos deberían amarle a él más que a sus familiares más allegados y que a sus propias almas, amar a sus hermanos cristianos y producir fruto espiritual. La persona que quiere ser discípulo de Cristo tiene que tomar su madero de tormento y seguir los pasos marcados por él. Para hacerlo, ha de ‘despedirse de todos sus bienes’, y a cambio recibirá muchas más cosas valiosas, si bien con persecuciones, también con la promesa de la vida eterna venidera. (Lu 14:26, 27, 33; Jn 13:35; 15:8; Mr 10:29, 30


Núm. 2: ¿De dónde provinieron las diversas razas? (rs pág. 291 párrs. 1-4)
Sin embargo,[291]debería notarse que el hecho de que personas de una raza puedan casarse con personas de otra y reproducirse muestra que todas las razas son en realidad un solo “género” en el sentido bíblico, y todas son miembros de la familia humana. Por eso, las diversas razas son simplemente facetas de toda la variación que es posible en la humanidad.
¿De dónde provinieron las diversas razas?
Gén. 5:1, 2; 1:28: “En el día que creó Dios a Adán lo hizo a la semejanza de Dios. Macho y hembra los creó. Después los bendijo y por nombre los llamó Hombre [o Humanidad] en el día que fueron creados.” “Los bendijo Dios y les dijo Dios: ‘Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra.’” (Así que todos los humanos son descendientes de la primera pareja humana, Adán y Eva.)
Hech. 17:26: “[Dios] hizo de un solo hombre [Adán] toda nación de hombres, para morar sobre la entera superficie de la tierra.” (Por eso, prescindiendo de cuáles sean las razas de que se componga una nación, todos los miembros de ellas son descendientes de Adán.)
Gén 9:18, 19: “Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem y Cam y Jafet. [...] Estos tres fueron los hijos de Noé, y de éstos se esparció la población de toda la tierra.” (Después que Dios destruyó al mundo impío mediante el diluvio global en los días de Noé, la nueva población de la Tierra —entre ella todas las razas conocidas hoy— se desarrolló de los descendientes de los tres hijos de Noé y sus respectivas esposas.)


Núm. 3: ¿Hay pruebas de que Jesús fue resucitado? (1 Cor. 15:3-7)

*** w98 7/1 págs. 13-16 “Los muertos serán levantados” ***
“Porque sonará la trompeta, y los muertos serán levantados incorruptibles, y nosotros seremos cambiados.”
(1 CORINTIOS 15:52.)
¿SE LE ha muerto algún ser querido? Entonces conoce el dolor que esta pérdida conlleva. No obstante, la promesa divina mediante el profeta Oseas es un consuelo para los cristianos: “De la mano del Seol los redimiré; de la muerte los recobraré. ¿Dónde están tus aguijones, oh Muerte? ¿Dónde está tu poder destructor, oh Seol?” (Oseas 13:14).

2 La idea de que los muertos regresen a la vida les parece absurda a los escépticos. Pero el Dios Todopoderoso sin duda tiene el poder que se requiere para realizar ese milagro. La verdadera cuestión es si Jehová quiere traer de vuelta a la vida a las personas que han muerto. Job, un hombre justo, preguntó: “Si un hombre físicamente capacitado muere, ¿puede volver a vivir?”. Luego dio esta reconfortante respuesta: “Tú llamarás, y yo mismo te responderé. Por la obra de tus manos sentirás anhelo” (Job 14:14, 15). La palabra “anhelo” significa “deseo vehemente de algo” (compárese con Salmo 84:2). Efectivamente, Jehová espera con interés la resurrección, anhela ver de nuevo a sus siervos fieles desaparecidos, que siguen vivos en su memoria (Mateo 22:31, 32).

JESÚS ARROJA LUZ SOBRE LA RESURRECCIÓN
3 Los hombres de fe de la antigüedad, como Job, solo entendían parcialmente la resurrección. Fue Jesucristo quien arrojó luz plena sobre esta maravillosa esperanza. Mostró el papel clave que él mismo desempeña cuando dijo: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). ¿Dónde se disfrutará de esa vida? Para la inmensa mayoría de los que tienen fe será en la Tierra (Salmo 37:11). Sin embargo, Jesús dijo a sus discípulos: “No teman, rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino” (Lucas 12:32). El Reino de Dios es celestial. Por tanto, esta promesa significa que un “rebaño pequeño” de sus seguidores vivirán con Jesús en el cielo como criaturas espirituales (Juan 14:2, 3; 1 Pedro 1:3, 4). ¡Qué perspectiva más gloriosa! Jesús reveló posteriormente al apóstol Juan que este “rebaño pequeño” se compondría de 144.000 miembros (Revelación 14:1).

4 Pero ¿cómo entrarían en la gloria celestial los 144.000? Jesús “ha arrojado luz sobre la vida y la incorrupción mediante las buenas nuevas”. Mediante su sangre inauguró un “camino nuevo y vivo” al cielo (2 Timoteo 1:10; Hebreos 10:19, 20). Primero, murió, tal como se había predicho en la Biblia (Isaías 53:12). Luego, según más tarde proclamó el apóstol Pedro, a “este Jesús lo resucitó Dios” (Hechos 2:32). Pero a Jesús no se le resucitó como ser humano. Él había dicho con anterioridad: “El pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo” (Juan 6:51). Recuperar esa carne invalidaría su sacrificio. De modo que Jesús fue “muerto en la carne, pero hecho vivo en el espíritu” (1 Pedro 3:18). Así “obtuvo liberación eterna para nosotros”, es decir, el “rebaño pequeño” (Hebreos 9:12). Presentó a Dios el valor de su vida humana perfecta como rescate por la
humanidad pecadora, y los 144.000 fueron los primeros beneficiarios.

5 Jesús no sería el único resucitado para vivir en el cielo. Pablo dijo a sus compañeros cristianos de Roma que se les había ungido con espíritu santo para que fueran hijos de Dios y coherederos con Cristo si confirmaban su ungimiento siendo fieles hasta el fin (Romanos 8:16, 17). Pablo también explicó: “Si hemos sido unidos con él en la semejanza de su muerte, ciertamente también seremos unidos con él en la semejanza de su resurrección”
(Romanos 6:5).

EN DEFENSA DE LA ESPERANZA DE LA RESURRECCIÓN
6 La resurrección es parte de la “doctrina primaria” del cristianismo (Hebreos 6:1, 2). Sin embargo, en Corinto se estaba atacando esta doctrina. Algunos miembros de la congregación, probablemente influidos por la filosofía griega, decían: “No hay resurrección de los muertos” (1 Corintios 15:12). Cuando Pablo se enteró, salió en defensa de la doctrina de la resurrección, especialmente la esperanza de los cristianos ungidos. Examinemos las palabras de Pablo recogidas en el capítulo 15 de Primera a los Corintios. Sería conveniente haber leído ya este capítulo entero, como se recomendó en el artículo anterior.

7 En los dos primeros versículos del capítulo 15 de Primera a los Corintios, Pablo fija el tema: “Les doy a conocer, hermanos, las buenas nuevas que les declaré, las cuales también recibieron, en las cuales también están firmes, mediante las cuales también están siendo salvados, [...] a no ser, de hecho, que se hayan hecho creyentes en balde”. Si los corintios no se asían firmemente de las buenas nuevas, habían aceptado la verdad en vano. Pablo continuó: “Les transmití, entre las primeras cosas, lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue enterrado, sí, que ha sido levantado al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, entonces a los doce. Después de eso se apareció a más de quinientos hermanos de una vez, de los cuales la mayoría permanece hasta ahora, pero algunos se han dormido en la muerte. Después de eso se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles; pero último de todos también se me apareció a mí como si fuera a uno nacido prematuramente” (1 Corintios 15:3-8).


8 La creencia en la resurrección de Jesús no era opcional para quienes habían aceptado las buenas nuevas. Había muchos testigos presenciales que podían confirmar que “Cristo murió por nuestros pecados” y que había resucitado. Uno era Cefas, o Pedro, como mejor se le conoce. Después de haber negado a Jesús la noche de su traición y arresto, debió haberle fortalecido mucho que este se le apareciera. Jesús también visitó a “los doce”, el grupo apostólico, una experiencia que sin duda les ayudó a superar el temor y a ser testigos denodados de su resurrección (Juan 20:19-23; Hechos 2:32).

9 Cristo también se apareció a un grupo mayor, “más de quinientos hermanos”. Como Jesús solamente tenía muchos seguidores en Galilea, es posible que esta fuera la ocasión a la que se hace referencia en Mateo 28:16- 20, cuando Jesús dio el mandato de hacer discípulos. ¡Qué elocuente testimonio podían dar estas personas!
Algunas aún estaban vivas en el año 55, cuando Pablo escribió esta primera carta a los corintios. Observe, sin embargo, que de los que habían muerto se dice que se habían “dormido en la muerte”. Aún no se les había resucitado para recibir su recompensa celestial.

10 Otro testigo sobresaliente de la resurrección de Jesús fue Santiago, el hijo de José y de María, la madre de Jesús. Parece ser que antes de la resurrección de Jesús, Santiago no era creyente (Juan 7:5). Pero cuando Jesús se le apareció se hizo creyente, y quizá influyó en la conversión de sus demás hermanos (Hechos 1:13, 14). En la última reunión que Jesús tuvo con sus discípulos, antes de su ascensión al cielo, los comisionó para que fueran “testigos [...] hasta la parte más distante de la tierra” (Hechos 1:6-11). Posteriormente se apareció a Saulo de Tarso, perseguidor de los cristianos (Hechos 22:6-8). Jesús se apareció a Saulo “como si fuera a uno nacido prematuramente”. Fue como si se hubiera resucitado prematuramente a Saulo a la vida espiritual y pudiera
ver al Señor glorificado siglos antes del tiempo previsto para la resurrección. Esta experiencia cambió bruscamente la trayectoria de Saulo de oposición asesina a la congregación cristiana y provocó en él una notable transformación (Hechos 9:3-9, 17-19). Saulo llegó a ser el apóstol Pablo, uno de los mayores defensores de la fe cristiana (1 Corintios 15:9, 10).

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